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miércoles, junio 25, 2008

El Abrazo del alma

La imagen que hace treina años recorrió el mundo, tomada por Ricardo Alfieri.

Habían pasado segundos luego del silbato final, Argentina se consagraba Campeona del Mundo. Un joven intenta abrazar a los jugadores pero no tiene brazos. Es una de las imágenes más fuertes en la historia de los mundiales.

A Víctor le faltan los dos brazos; así de brutal fue la vida. Es el protagonista de una imagen memorable del Mundial 78. El abrazo del alma, la foto que este miércoles cumple treinta años: Ubaldo Matildo Fillol y Alberto Tarantini, arrodillados, campeones del mundo, los dos abrazados. Y él, Víctor, con las mangas de su pulóver vacías: “Yo los abrazo, aunque no tenga brazos”.

Ricardo Alfieri (padre), reportero de la revista El Gráfico, dejó la imagen para siempre minutos después de que la Argentina le ganara a Holanda. Víctor había perdido sus brazos a los doce años, en 1967: un cable de alta tensión se los fulminó mientras jugaba en las calles de San Francisco Solano. Estuvo varios días en coma hasta despertar. “Al año empecé a ir al fútbol”, dice Dell’Aquila, fanático de Boca. En su casa cuelgan fotos con todos. En un placard guarda camisetas antiquísimas, de todos los colores. Si Boca jugaba lejos, él necesitaba de fútbol de cualquier cancha: en un cuadro aparece en un festejo de River, en 1968. Esa foto, también obra de Alfieri, fue un presagio. “Yo le debo mi vida a mi familia, al de arriba, a mí mismo y a los jugadores”, dice.

¿Cómo lograba entrar?

“Por alambres rotos o porque conocía a gente del control o algún fotógrafo. En Boca miraba el partido desde el banco de suplentes, con el Toto Lorenzo. Una vez salté desde el palco viejo. Cuando terminaba el partido, pin y adentro. En Racing tenía dos metros de fosa pero me ayudaba la altura”.

¿Cómo saltó a la cancha en la final del Mundial?

Ese día no encontré a la persona con la que había arreglado e intenté ingresar como discapacitado, pero me dijeron que estaba lleno. Me fui a la platea que está sobre Figueroa Alcorta y un conocido me hizo entrar. Y ahí me fui bien abajo y me senté, entonces se me prendió la lamparita.

¿A cuánto estaba del campo?

Tendría unos dos metros, algo más. Pero era pendejo, pesaba 50 kilos y tenía un buen estado. Cuando vi que el referí levantó la mano, pasé los pies, flexioné y ¡tac! caí paradito. Pero seguían jugando, habían adicionado minutos. Entonces caminé despacito y me puse al lado del palo de Fillol. Y cuando tocó pito el juez salí corriendo en busca de alguien a quien abrazar. En un momento, Tarantini se arrodilló como rezándole a Dios. Fillol hizo lo mismo y se abrazaron. Justo llegué yo. Me frené y las mangas se fueron para adelante. Y ahí Alfieri sacó la foto. Yo la tengo dedicada por él.

Casado, con dos hijos, Víctor dice que vive de “vender ilusiones”, eufemismo que esconde una actividad concreta, confesable. La falta de brazos la suplió con una técnica envidiable en la que combina la cabeza, los hombros y los pies: estudió dibujo, fue campeón de pool, maneja su auto y hasta hace unos años jugaba al fútbol todas las semanas. “Quiero ir a un Mundial, creo que lo merezco”, dice, y los ojos claros y tiernos se le humedecen. Es el sueño de un hombre al que nada le fue imposible.

El recuerdo del arquero

“Muchos la toman como la gran foto de los mundiales. Me han ofrecido plata para hacer la imagen de vuelta, para reconstruirla, y yo siempre me negué porque ése fue un momento único”, dice Ubaldo Fillol, uno de los protagonistas, junto con Alberto Tarantini, de la toma histórica en la que aparece Víctor Dell’Aquila.

“Cuando terminó el partido se me aflojaron las piernas. Caí arrodillado y se me apareció la imagen de Dios. Tenía un diálogo con él de agradecimiento. Yo no había planificado nada de eso, me conecté con Dios, tenía su imagen delante de mí. Nunca me pasó en mi vida”, recuerda el ex arquero.

“Cuando nos abrazamos con el Conejo, se acercó Víctor Dell’Aquila y se tiró encima nuestro. Y Ricardo Alfieri, que estaba detrás de mi arco, corrió con dos cámaras de fotos colgadas del cuello. Y sacó toda la secuencia, justo con la que era blanco y negro. Así inmortalizó ese momento, que es sublime”, dice el Pato.

Fillol recuerda que vio la imagen al otro día, en la revista El Gráfico: “Cuando vi eso reflejado en El Gráfico, yo no sabía nada. Me acordaba del momento en que me conecté con Dios”. Hoy todavía guarda la secuencia de fotos.

El abrazo del alma ganó un concurso como la mejor foto del Mundial 78. Fue la imagen del triunfo. Alfieri de una trayectoria extensa en el periodismo deportivo al igual que su hijo, también llamado Ricardo murió el 28 de julio de 1994.

"Hechos Pelota" y el Mundial 78

A 30 años de la obtención del Mundial '78, campeonato que marcó la gloria deportiva de la Selección de César Luis Menotti pero, al mismo tiempo, supuso un triste biombo para intentar tapar la cruel realidad de la Argentina de entonces, Ediciones Al Arco lanza hoy un libro para la historia: "Hechos pelota".

Allí, su autor, Fernando Ferreira, repasa la actuación del periodismo deportivo durante una época clave de la sangrienta dictadura que atravesó el país.

¿Fueron cómplices los periodistas deportivos del intento de los militares de tapar la sangre con el fútbol, mostrarle al mundo una imagen falsa de la Argentina? ¿Quiénes y hasta qué punto sabían realmente lo que sucedía? ¿Por qué callaron?

En clave de dura autocrítica, y en una obra que cuenta con la adhesión de la Secretaria de Deportes de la Nación (cuyo actual titular, el ex futbolista Claudio Morresi, tiene un hermano desaparecido), Ferreira, que vivió los episodios desde adentro, hace una contribución histórica a la memoria colectiva.

"Este trabajo puede concebirse como un intento de reflexión o quizá también como una catarsis para intentar explicar un tiempo de horror. El deporte fue la excusa para sobrevivir en el marco de la dictadura más sangrienta de la historia argentina. El papel desempeñado por el periodismo deportivo durante la dictadura no ha sido materia de debate. Durante ese nefasto período hubo un centenar de periodistas desaparecidos y otros muchos que tuvieron que padecer el exilio externo e interno. Silencios obligados o voluntarios, chupados o desterrados, medios cómplices, censura, listas negras: todo ese horror convertido en hábito entre 1976 y 1983", cuenta el autor en las líneas del prólogo.

"Este libro atesora una cantidad de testimonios de periodistas que formaron parte de aquella generación de los 70 y cada uno recuerda a su manera con datos e historias que transitan entre la melancolía, la tristeza y el asombro por el tiempo que les tocó vivir. No sólo la dictadura fueron siete años de oprobio y represión. Obligó a mucha gente a tomar decisiones fatales y hasta grandiosas que determinaron su destino. Esas decisiones fueron mucho menos conscientes de lo que pensamos con posterioridad, en los momentos de reflexión. Ese periodismo deportivo, sujeto a un período clave de nuestra historia, fue en algunos casos cómplice, en otros pueril y a veces, desde el propio miedo, heroico e incorruptible”, agrega.

La obra contiene seis capítulos y los testimonios de 16 periodistas que trabajaron durante aquellos tiempos: Juan José Panno, Jorge Azcárate, Jorge Búsico, Guillermo Blanco, Ezequiel Fernández Moores, Carlos Poggi, Horacio Pagani, Ernesto Cherquis Bialo, Carlos Ares, Roberto Fernández, Osvaldo Pepe, Walter Vargas, Alejandro Fabbri, Guillermo Gasparini, Hugo Lencina y Carlos Ferreira.

Al Arco, primera editorial argentina e independiente de literatura deportiva, suma esta nueva contribución a la del periodista Gustavo Veiga, que publicó en 2006 el libro "Deportes, Desaparecidos y Dictadura".

"Hechos Pelota (el periodismo deportivo durante la dictadura militar (1976-1983)", es la tercera publicación de Ediciones Al Arco en 2008, después de "Nuevas curiosidades futboleras", de Luciano Wernicke, y "Periodismo profesional (Régimen jurídico del periodismo en la era digital)", del abogado y periodista Mariano Suárez.

"Fuimos Campeones", otro libro sobre la dictadura en el Mundial

Cuenta la historia oscura de tras el Mundial de fútbol de Argentina, de cómo el gobierno de Videla, realizó una operación clandestina para distraer la atención internacional de la realidad del país

A 30 años del Mundial de Fútbol de 1978, el libro “Fuimos campeones”, de Ricardo Gotta, va más allá del ámbito del deporte para dar cuenta de la atmósfera de terror de esa época, una perspectiva que lo ayuda a reconstruir los prolegómenos y el partido entre la Argentina y Perú para entender qué sucedió realmente esa noche.

“Cuando comencé esta investigación, hace unos tres años, trabajé puntualmente en el partido en el que la Argentina venció a Perú 6 a 0, pero a medida que avanzaba, el tema se disparó en mil direcciones”, dice el periodista en una entrevista con Télam. Gotta menciona que “el tema de la dictadura militar, así como los desaparecidos, era algo imposible de soslayar”, por lo que la investigación incorporó con fuerza el contexto de esos terribles años de plomo, para dar una mayor encarnadura a los hechos, afirmaciones y rumores que rodearon lo ocurrido aquel 21 de junio.

“Descubrí que pocos días después del Mundial, el que era ministro de Guerra del Perú, general de división Pedro Richter Prada fue distinguido con la Orden del Libertador General San Martín en el grado de Gran Cruz por Videla, a días del 6 a 0”, cuenta el periodista.

Para Gotta, “los gobiernos de facto de la Argentina y de Perú, fueron integrantes de la operación Cóndor antes del Mundial y mantuvieron fuertes relaciones comerciales y amistosas”.

Esa relación estrecha entre militares peruanos y argentinos precede el Mundial y se delinea en el libro, recién publicado por Edhasa, a través de la represión conjunta contra militantes populares como fue el caso de Carlos Alberto Maguid, quien estaba asilado en Lima y fue detenido por 3 capitanes del ejército peruano y su cadáver entregado a sus pares argentinos.

Para la dictadura militar argentina, el Mundial fue importante desde el primer momento que dieron el golpe según los datos que aporta Gotta: “Fundamentalmente la Marina fue la que tuvo la idea más clara de lo que significaba el deporte y la realización del Mundial en el país”.

“De hecho Lacoste (Carlos Alberto) empezó a trabajar en la organización del Mundial mucho antes del golpe. Después fue el ejecutor de lo que decidía Massera (Emilio), que era el ideólogo”, resalta.

A lo largo del libro se superponen y contrastan de manera constante el clima ominoso de la época, con una efervescencia creciente a medida que se acercaba el Mundial: “Acá había poca conciencia de lo que se vivía realmente”, juzga el autor.

En ese sentido, “recuerdo la actitud de Ardiles (Osvaldo), algo muy simbólico porque era el más instruido de los jugadores y se enojó cuando llegó a Inglaterra y le decían lo que estaba pasando, creía que era parte de la campaña anti-argentina. Cuando lo entendió, sintió bronca y vergüenza”.
Refiriéndose al partido Argentina-Perú, Gotta nombra los testimonios de los jugadores peruanos Ramón Quiroga, Juan Carlos Oblitas, Rodolfo Manzo, Héctor Chumpitaz... “me resultaron los más interesantes, hayan dicho cosas o no”.

En ese aspecto, resalta el periodista, “lo nuevo de este libro es haber indagado con una profundidad que no se había hecho antes ese partido y todo lo demás. No se lo puede desligar al partido de todo lo que lo rodeó. Fue una sensación que tuve desde casi el comienzo”.

“Futbolísticamente, la Argentina podía haber ganado sin problemas, pero para la dictadura no era lo mismo que perdiera o ganara ese partido. Era muy importante que obtuviera el Mundial”, considera el periodista.

En función de esto, Gotta pudo reunir “evidencias más o menos contundentes de que hubo una operación dirigida a asegurar el pase a la final en hechos como tocarle el ánimo a los peruanos -con la presencia de Videla en el vestuario, algo que les causó terror a muchos- y en el intento de captar voluntades”.

“Los argentinos, con las cosas que no nos enorgullecen pretendemos tirarlas debajo de la alfombra, ocultarlas -opina-. El fútbol pone al gobernante en un lugar de popularidad, le da visibilidad. Y la invalidación del Mundial surge a partir de que era una dictadura militar la que gobernaba, no un gobierno legítimo”.

El papel de Menotti, subraya Gotta, “es el que más controversias me produce y creo que es algo general. Pienso que sabía lo que estaba pasando en el país, lo reconoció en alguna oportunidad. Era un tipo inteligente, con militancia, al que mucha gente le sigue reclamando no haberse parado frente a la dictadura para desnudarla”.

“No elogio su actitud, pero él fue seducido por una posibilidad muy tentadora: ser el técnico de la primera selección argentina campeona del mundo -apunta-. Su laburo como técnico de fútbol lo hizo perfecto, la mayoría de los jugadores lo respetan y dicen que Menotti los cuidó mucho, en el plano futbolístico y personal”.

“Con respecto al partido en cuestión, puedo sospechar que estaba enterado de todo lo que sucedió fuera de la cancha. El armó el mejor equipo que podía. Desde el fútbol no hay nada que reprocharle. Sí desde su relación con la dictadura. Recién ahora, hace unos días, en Italia, dio una charla y dijo que los militares lo habían usado. Un poco tarde, pasaron treinta años”, concluye.

A 30 años del Mundial 78 de Argentina : La pelota de la final

Se encuentra en un bar de Brasil y lleva la firma de los 22 jugadores que participaron en el encuentro definitorio entre Argentina y Holanda

El balón es exhibido en una vitrina que impide que cualquier parroquiano pueda tocarlo en el local de nombre Boleiros, ubicado en el barrio Vila Madalena, en la ciudad de San Pablo.

Fue regalado en el estadio Monumental por el actual presidente de la FIFA, Joseph Blatter, a un lugareño.

El comercio abrió sus puertas la semana pasada y tiene esa pelota como el gran atractivo, junto a camisetas de jugadores brasileños, entre las que se destacan algunas utilizadas por Pelé.

Su dueño, Marcos Batista, quien se dedica a colecciones distintos objetivos futboleros, contó que esa pelota llegó a sus manos gracias al contacto entre Blatter y un directivo de la cadena brasileña O Globo.

Se trata de uno de los esféricos firmado por los jugadores en los vestuarios, posiblemente antes de que se diera comienzo a la segunda etapa.
Blatter era entonces el Director de Programas de Desarrollo de la FIFA.

Antes de llegar a este bar, la pelota había estado guardada en el placard de un periodista de la mencionada emisora, Toninho Neves.